miércoles, 21 de julio de 2010

Mi hijo... que aún sigue conmigo y en mi



Nunca escribí sobre la ausencia insoportable e irremediable que me dejó. Si bien mi hijo se fue hace un año, todavía encuentro muy difícil hablar sobre el asunto.

Mi hijito hermoso, Nicolás, Nico o "Papito" como yo le decía, nació el 2 de Noviembre de 1998. Desde muy chiquito se convirtió en mi protector, mi aliado, mi consuelo, mis ojos y mis oídos.
Odiaba las cámaras (como su madre) y las pocas fotos que tiene mirando a ella son un milagro.

La primera vez que lo llevé a la playa fue cuando tenía recién 8 meses. Fuimos a la playa Waikiki, frente al club Terrazas, donde yo he pasado casi toda mi infancia. Recuerdo que las piedras eran casi tan grandes como él y cuando caminaba entre ellas tropezaba con una torpeza tan enternecedora...
Los primeros días fueron los mejores. Todos esos días los pasamos juntos, conociéndonos y sembrando la mejor relación que he tenido en mi vida. Porque nunca nos herimos, nunca nos abandonamos y nuestro cariño nunca cambió, solo creció.

Nos encantaba pasar los fines de semana juntos. Íbamos casi todos los veranos al sur con mi tío y mi primo. Ahí teníamos que tener cuidado con los demás perros que podían estar en la playa porque corrían peligro. Mi hijo siempre fue dulce y súper amigable pero cuando se trataba de otros perros no podía esconder sus impulsos naturales y se le salía el Rottweiler.
Años después cuando ya mi tío no nos sacaba a pasear el fin de semana y mi primo vivía en Inglaterra, yo sacaba el carro y nos íbamos los dos solos a la playa; como nos gustaba.
Cuando yo decidía entrar al mar y no había quien me acompañe, él se volvía loco y me hacía un escándalo para que no entre. Le tenía pánico al mar y nunca, de todas las veces que fuimos a la playa solos, me dejaba entrar al mar sin antes mordisquearme sutilmente los talones y hacerme caer cual saco de papas. Imagínen eso: una chica pequeña, en bikini, sacudida por un rottweiler robusto y pura fibra... jajajajajajajajajajajaja! Ahora que lo pienso hemos dado unos espectáculos comiquísimos.

Cuando tenía tiempo libre en invierno, salíamos a caminar largas horas. Al principio él salía feliz y cuando ya pasaban varias horas de recorrido, se plantaba en medio de la vereda totalmente cansado. Siempre se tomaba sus descansos sin avisar y yo los respetaba.

Pero así como tuvimos inolvidables buenos tiempos, también pasamos sustos terribles. Cuando tenía un año y 7 meses salió de casa corriendo hacia la pista y justo pasaba un carro... Felizmente lo único que le pasó fue una fractura en la patita izquierda. Tengo fotos suyas con yeso. Son las mejores fotos que tengo de él! Se le nota la expresión "ya pueeeeees" casi literal.
Dos años después se cayó del tercer piso de mi casa y se rompió la misma pata. Yeso de nuevo.
Luego de un año, como si fuera broma, se volvió a caer del tercer piso pero esta vez sólo tuvo unos cuantos raspones.

Juntos amábamos a la mamama, el ron, las tostadas, la carne cruda (sí), y sentarnos al borde del balcón de mi casa con las patas colgadas:



Pero el tiempo pasó y Papito sólo subía las escaleras para sentarse al lado de mi ventana y acompañarse con mi voz mientras tenía mis clases de canto.
En Julio del año pasado, le detectaron cáncer generalizado. Vivió sólo unos días más.
La madrugada del 22 de Julio del 2009 murió mi hijo en casa.


En la familia nunca ha faltado un perro. Siempre algún perrito ha formado parte de nosotros. Pero Nicolás fue, para mi, el más especial.
Un día tuve en mis manos a un cachorrito lindo, parecido a él. No paré de llorar. No podía reemplazarlo y no quería hacerlo, así que devolví al cachorrito y volví a casa.

El mes pasado celebramos el cumpleaños de la mamama y en su lonche estaba casi toda la familia, incluidos algunos sobrinos mios. Uno de mis sobrinos de un año sorprendió a mi prima señalando la sala y diciéndole que había un perro. Mi prima se dio cuenta que no había nada y que posiblemente estaba viendo a Papito. Pues sí, en efecto lo vio.
Días antes, le comenté a la Chinita que siempre que llegaba a la casa muchas veces olvidaba que ya no estaba porque al entrar siempre lo sentía. Siempre lo siento.
Mientras viva en esta casa no habrá otro perro más. Sólo él.

Mi hijito sigue aquí conmigo. Todos los días lo extraño y todos los días que viva lo voy a extrañar.