Siempre sufrí en el cole cuando tocaba clase de educación física y me mandaban a correr 25mil vueltas al jardín que era interminablemente inmenso. Como toda una profesional en asma y desgaste físico a causa de juergas, llegaba a la media vuelta y ya mi cuerpo pedía ambulancia.
Siempre rogaba a mi mamá que escriba una excusa para evitar la tortura del ejercicio ese día pero al llevarle la excusa a la profesora, la leía, me miraba, se reía y me mandaba a correr.
Así es. Jamás tuve alma de deportista y sé que nunca la tendré. Es por eso que para mantener mi cuerpo saludable y en línea, me tengo que morir de hambre.
Pero existen personajes realmente asombrosos que corren, saltan, cargan, jalan y no se que chícharos más hacen y lo hacen realmente bien. Son los mejores deportistas del mundo entero reunidos para competir y romper records; o como yo lo veo: los flacuchos con musculito más saludables del mundo.
Como músico que soy, no ando muy metida en las olimpiadas así que no tengo muchas anécdotas que contar, pero lo que sé es que a los gringos los están haciendo quedar en roche y lo que sí me llena de alegría es ver competidores de Etiopía, Jamaica, Kenya y Nigeria ganando medallas de oro y rompiendo records. Gente que del 3er mundo surge de una manera maravillosa levantando no solo el nombre de su país sino que también levantando esperanza en sus compatriotas.
Ojalá pase algún día con nosotros.
Las Olimpiadas tienen su gracia. Para mí, una holgazana de primera, es interesante ver esa faceta tan distinta a lo que me gusta y lo que hago. Lo malo es que yo no sigo el ejemplo y me pongo a ejercitar las carnes, no... yo mientras veo las olimpiadas, me empujo una empanada de alcachofa de Don Mamino mientras me alucino los Bloody Mary's de más tarde.
Que viva el deporte Tongo!
Canción de cierre: It's a Boy - The Who
sábado, 23 de agosto de 2008
viernes, 8 de agosto de 2008
Soy flaca?
Después de varios días de meditación lejos de la red, caí con la terrible decisión de hablar sobre mi peso.
Para las mujeres esto es inadmisible, pero bueno, prefiero no considerarme parte de ese común denominador.
Casi toda la vida me la pasé preocupada por qué no comer o qué hacer en caso de llegar al raquitismo; situación a la que, estoy segurísima, jamás llegaré.
El primer enemigo en cuanto a las alteraciones o desórdenes alimenticios es la ansiedad. Basta con que tengas un problema que te stressa terriblemente como para meterte el mundo a la boca o dejar de ingerir hasta agua. A mi me pasa lo segundo, dejo de comer y no consumo ni aire creo.
Solía ser de las que tenían un problemita y se comían hasta los muebles de la casa. De ser una niña delgada pasé a ser una adolescente en sobrepeso. En esos años ya la ansiedad de comer me causaba ansiedad y comía el doble; escondía comida para que mi mama no me la quitara de las manos. Era muy desagradable. Hasta que llegué al extremo de la expansión corporal y decidí cerrar la boca. Ahora la ansiedad la pasaba un poco con el cigarro, que al final me hizo más daño.
Adelgacé todo lo que había subido después de un tiempo no muy largo, pero mis métodos no fueron los mejores. Me debilité y otros problemas vinieron como el daño que le causé a mi estómago. Ahora los episodios de gastritis vienen más seguido.
No aprendí de esto y traté de lograr un balance, totalmente equivocado. Volví a comer y cuando sentía que engordaba un poquito dejaba de comer; por semanas solo consumía Té o por ahí comía un pedazo de galleta. Bajaba de nuevo y volvía a comer normal.
Y así me mantenía, comiendo pésimo o simplemente no haciéndolo.
Hasta que hace poco me agarró una fuerte depresión y dejé de comer, no porque me sentía gorda sino porque mis ganas de comer se fueron completamente y la poca comida que me llevaba a la boca me causaba indigestión.
Desde ese momento me acostumbré a no comer casi nada y pareciera como si mi estómago se hubiera reducido.
La última vez que me pesé estaba en 47 kilos, un poquito exagerado para alguien de 1.60 metros. Según las estadísticas mi peso ideal es de 50 kilos y estoy 3 kilos por debajo de eso.
En parte me tranquiliza porque me gusta comer y ahora que estoy de mejor animo si me provoca hacerlo, entonces me tomo la libertad de comer lo que quiera sin preocuparme mucho de los kilos que pueda subir con eso.
Pero lo más común entre las mujeres es verse gorda por mas que sean un alfiler y eso me pasa. Dicen que estoy muy flaca, hasta que se me ve consumida pero yo sigo viéndome rechoncha, con carnes de más y curvas no deseadas. En el momento pienso que la gente exagera y lo sigo pensando.
Aún así estoy tranquila y pienso cuidarme como siempre lo hago. No comer de más.
Y si lo que necesito es justamente comer, pues algún día lo haré sanamente.
Canción de cierre: Willing to fight - Ani Difranco
Para las mujeres esto es inadmisible, pero bueno, prefiero no considerarme parte de ese común denominador.
Casi toda la vida me la pasé preocupada por qué no comer o qué hacer en caso de llegar al raquitismo; situación a la que, estoy segurísima, jamás llegaré.
El primer enemigo en cuanto a las alteraciones o desórdenes alimenticios es la ansiedad. Basta con que tengas un problema que te stressa terriblemente como para meterte el mundo a la boca o dejar de ingerir hasta agua. A mi me pasa lo segundo, dejo de comer y no consumo ni aire creo.
Solía ser de las que tenían un problemita y se comían hasta los muebles de la casa. De ser una niña delgada pasé a ser una adolescente en sobrepeso. En esos años ya la ansiedad de comer me causaba ansiedad y comía el doble; escondía comida para que mi mama no me la quitara de las manos. Era muy desagradable. Hasta que llegué al extremo de la expansión corporal y decidí cerrar la boca. Ahora la ansiedad la pasaba un poco con el cigarro, que al final me hizo más daño.
Adelgacé todo lo que había subido después de un tiempo no muy largo, pero mis métodos no fueron los mejores. Me debilité y otros problemas vinieron como el daño que le causé a mi estómago. Ahora los episodios de gastritis vienen más seguido.
No aprendí de esto y traté de lograr un balance, totalmente equivocado. Volví a comer y cuando sentía que engordaba un poquito dejaba de comer; por semanas solo consumía Té o por ahí comía un pedazo de galleta. Bajaba de nuevo y volvía a comer normal.
Y así me mantenía, comiendo pésimo o simplemente no haciéndolo.
Hasta que hace poco me agarró una fuerte depresión y dejé de comer, no porque me sentía gorda sino porque mis ganas de comer se fueron completamente y la poca comida que me llevaba a la boca me causaba indigestión.
Desde ese momento me acostumbré a no comer casi nada y pareciera como si mi estómago se hubiera reducido.
La última vez que me pesé estaba en 47 kilos, un poquito exagerado para alguien de 1.60 metros. Según las estadísticas mi peso ideal es de 50 kilos y estoy 3 kilos por debajo de eso.
En parte me tranquiliza porque me gusta comer y ahora que estoy de mejor animo si me provoca hacerlo, entonces me tomo la libertad de comer lo que quiera sin preocuparme mucho de los kilos que pueda subir con eso.
Pero lo más común entre las mujeres es verse gorda por mas que sean un alfiler y eso me pasa. Dicen que estoy muy flaca, hasta que se me ve consumida pero yo sigo viéndome rechoncha, con carnes de más y curvas no deseadas. En el momento pienso que la gente exagera y lo sigo pensando.
Aún así estoy tranquila y pienso cuidarme como siempre lo hago. No comer de más.
Y si lo que necesito es justamente comer, pues algún día lo haré sanamente.
Canción de cierre: Willing to fight - Ani Difranco
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