Hace pocos días trajeron a casa mi nuevo colchón. Un excelente y cómodo colchón junto con el box que va debajo (ese que parece otro colchón pero es la cama... con rueditas y todo). Después de dormir sobre un colchón que ya tenía la forma de mi cuerpo en su centro, el cual era sostenido por una cama que no tendría menos de 20 años, puedo decir que al recostarme POR FIN estoy en algo parecido a una nube.
Es alto, bastante alto y muy grueso; o sea, solo tengo un juego de sábanas que le quedan. Pero duermo bien, después de casi 25 años de no dormir nada. Lo gracioso fue que recibí mi nueva cama justo en días de mucha ansiedad y problemas, los cuales no me dejaban dormir. Así que los primeros días de cama nueva no fueron para nada confortables.
Me parece curioso como la vida se divierte contigo y parece hasta reírse de ti en ciertas ocasiones. En ese caso no te queda más que reírte con ella y esperar siempre lo mejor, aún así la salida no se vea pronta a llegar.
Lo que hasta el día de hoy no logro entender es cómo hay miserias que uno mismo busca, con las que uno se reconforta. Por ejemplo con un fracaso o un error, el drama que se genera es muchas veces exagerado y disfrutado hasta el punto de pensar en concluir con un autogolpe fatal.
Sí. Nadie puede negar que una de las cosas más comunes al terminar una relación y encontrarse con la temida soledad de su cuarto es prender la computadora, ipod o cualquier reproductor de sonido y autoflagelarse con canciones tan tristes que ni siquiera estando en paz y felicidad se pueden escuchar. Y como ésta hay muchas formas de autodestrucción.
No se puede negar que el gusto por el drama y la exageración fluye muy fácilmente por este espacio del planeta. Porque sí, los latinos somos noveleros.
Pero por qué tanto drama? Por qué no somos más estoicos? Alguien realmente puede responderme POR QUÉ TANTO ESCANDALO?
Bueno, tal vez para responder esto tendría que comerme muchos libros de filosofía y tal vez psicología. No gracias.
Recuerdo cuando me hicieron el tatuaje que tengo en la espalda. Recién salía del colegio y estaba con unos amigos tomando unas chelitas. De repente, con el paso del tiempo y las chelas, decidí como juego, hacerme un tatuaje. Pagamos la cuenta y fuimos directamente al lugar donde los hacen. Ahí recuerdo haber pasado por uno de los dolores más extraños que he pasado en toda mi vida. Sí, llega a ser hasta placentero y creo que por eso el 90% de personas que se hacen un tatuaje regresan por otro.
Sin ir muy lejos, hace unas semanas vi el programa "Tabú" en el que hicieron un especial de los freaks que se tatúan el 99% de su cuerpo y no solo eso, sino que también se cortan la piel, se ponen cachos y se transforman en algún personaje de Marvel Comics. Y eso es solo en latinoamérica... Con la cantidad de freaks que hay en Europa no quiero ni pensar que sucederá allá con estas modas.
Tal vez el dramatismo y la miseria nos llevan a esa misma sensación placentera. El dolor duele, claro, pero también gusta. No encuentro otra explicación para esa gran necesidad del ser humano de retener y no detener el dolor. Por mi parte solo me dejaré sentir plenamente las maravillas de la vida, las alegrías y los logros. Las miserias las tomaré muy fríamente, como tomo mi ron.
Canción de cierre: Franklin's Tower - Grateful Dead